
El Anti-Discurso de Lars Von Trier
o
IMMANUEL KANT VA AL CINE
El anticristo de Lars von Trier o su último antidiscurso cinematográfico nos interpela desde el comienzo con la confusión entre lo posible o lo real, que no es otra cosa que la hábil y maléfica característica sustancial o material y su capacidad de poder de representación que posee el anticristo, en esta ocasión llevado a la mente de un personaje que se debate, por una parte, en una confusión o mezcla de emociones que le produce una sensación de angustia existencial, expuesta a través de su particular via crucis o recorrido por los inestables pasillos oscuros e impenetrables de la tristeza, el dolor, la desesperación y finalmente la muerte, y que le induce a tener un comportamiento desplazado, invertido, o un asombroso poder del sentimiento de placer y dolor provocado por la desafortunada, en principio, muerte de su hijo y, por otra parte, la posibilidad de su vuelta a la normalidad intelectual y sentimental a través de la ayuda de su marido terapeuta, quien intenta buscar o sacar a la luz de la reflexión consciente la causa psicológica profunda de ese desarreglo mental y físico por medio de provocar regresiones y proyecciones en el inconsciente de su mujer, con el también benéfico deseo de una vez encontrado el origen o causa de ese miedo o mal poderlo contra-restar. Nada más lógico como, tampoco, nada más doloroso.



Los frutos de los robles que rodean a la cabaña caen necesariamente sobre el tejado provocando un estado de ansiedad. La naturaleza grita en la voz del niño como un eterno e inmenso quejido que nace de las profundidades de la tierra, pero finalmente visto y oído desde las alturas como el todo material de la naturaleza, quien realmente se encuentra jugando en el taller jugando con una madera, lugar y objeto que se convertirá más tarde en el lugar de la muerte. La fuerza de la vida, de la naturaleza interior, sujeta a ciclos que nos son conocidos pero que no entendemos en su necesidad de creación y destrucción, siempre sobre lo que más amamos. Muerte y renacimiento. Vacío. Soledad. Regiones inferiores y superiores de la naturaleza y del ser humano alejadas de la claridad del entendimiento discursivo. Caos. Necesidad. Indigencia. Locura. Dolor. Los tres mendigos que reclaman su necesidad de vida. Naturaleza como iglesia de Satanás, dice ella, que le habla de todo lo que ha de morir. Cruz y círculo como símbolos mayores de la muerte y la regeneración, del pensamiento y de la naturaleza.


Inmediatamente después, en otro arrebato entre arrepentimiento y violencia sexual y física la mujer golpea con una enorme madera las partes genitales de su, ahora ya sí, chivo expiatorio invertido de una naturaleza totalmente desatada y autoprovocada, con una necesidad implacable que sigue su curso, dejándolo inconsciente y practicándole al mismo tiempo en su aún erecto miembro viril una masturbación que acaba con el derrame de un semen que cambia o invierte sus cualidades y materia: semen rojo o sangre seminal, lo que provoca una nueva reacción desesperada de brutalidad, en este caso perforándole una de las rodillas con un taladro metálico en el que introduce un descomunal tornillo, al que acopla una piedra de amolar aprisionándola con una tuerca; prótesis simbólica-real de antiguas torturas y forma de prisión externa impuesta al propio cuerpo. La brutalidad de la mujer-naturaleza se multiplica y en un ataque de violencia real -simbólica- se practica una autoablación con unas tijeras que después clava en el marido. Liberado de la piedra, después de pasar por todas estas atrocidades y de despertar o desenterrar al cuervo, o ave fénix invertida, de su letargo, con lo que inevitablemente produce y desencadena la convergencia de la naturaleza material con su figura astral, en una nueva confusión entre lo posible y lo real, tiene todavía la suficiente fuerza física y mental para estrangular primero y quemar después a su mujer -naturaleza-, comprendiendo e intuyendo la necesidad de todo lo que ocurre, que se le aparece ahora claro como libertad de huir de la necesidad que lo tiene atrapado y como necesidad de purificación y regeneración de la libertad. Al final, cuando contempla ya a lo lejos la cabaña y el bosque, ve surgir del mismo a una multitud de mujeres que ascienden hacia la montaña en una nueva mezcla entre lo posible y lo real, que nos vuelve a paralizar al comprobar que la naturaleza tenía efectivamente (?) una finalidad. Pero, cuál; pues la visión del fin del protagonista y de nosotros mismos es una nueva confusión (?) para la reflexión: lo posible y lo real es el fin. Su confusión. Es, pues, la fuerza salvadora del antidiscuso inconsciente de la naturaleza -anticristo-, en su autoinmolación quien provoca la regeneración (resurrección), o es el discurso consciente de la razón -mente- quien la provoca. O bien, ambos dos: inconsciente-conciente; naturaleza-razón... De cualquier manera: ¿esperanza en la resurrección de la naturaleza? Si todas las secuencias anteriores consisten en una inversión, esta última también la debe contener. Efectivamente, si la razón discursiva (y Cristo) sitúa o determina la salvación (el sentido) en el final, la razón antidiscursiva (anticristo) la invierte y la sitúa en el origen. Puesto que no hay ningún elemento pasado, presente o futuro en que podamos determinar históricamente esta resurrección-regeneración hay que remitirse a una abstracta experiencia estética. Sin embargo, la ausencia notable del personaje histórico resulta que no está desaparecido, sino subsumido en la naturaleza, pues es la mujer precisamente, o curiosamente, quien está haciendo un trabajo histórico sobre la violencia o un descubrimiento histórico sobre la naturaleza real de la violencia cuando la necesidad de la naturaleza se impone de forma violenta como identidad, pues a partir de ahí se invierte y la mujer adopta o se identifica con la ideología de que el mal de la naturaleza es el sexo femenino, en cierta medida como una identificación subversiva; pero igualmente, cuando la mente discursiva del terapeuta realmente descubra esa identidad, inevitablemente se producirá una inversión en su discurso del mismo signo: ahora es él quien adopta o se identifica en el papel de esa ideología como salvación o represión del mal, y por tanto entrando en la misma dinámica de ansiedad mental y necesidad natural contraria a su discurso lógico, y sin más remedio, al igual que ellla se convierte en una identificación subversiva de la sexualidad, él se convertirá en una identificación represiva de la misma, produciendo con ello un inversión paradójica que resulta real. Entonces, nueva inversión de nuestra pregunta: ¿el eterno retorno de lo reprimido? Claro, que todas estas preguntas bajo el paradigma de la filosofía idealista de la conciencia: sujeto-objeto (hombre-naturaleza), pues bajo una filosofía ampliada de la conciencia, como es la actualmente histórica, no caben. Como todo Cristo, todo anticristo es una unidad simbólica, pura inmediatez que no deja lugar a ninguna otra reflexión ni a ninguna ironía. Todo ello sin hablar de los posibles receptores del texto ni de la nueva época en la que hemos entrado, por supuesto obviando las posibles réplicas actuales basadas en la autonomía, autorreflexividad o juego estético del arte, pasadas a mejor vida o simple impostura para el museo o el mercado.
¿Es posible que la naturaleza, la natural y la que habita en el ser humano, tenga un fin propio, una finalidad escondida al margen del entendimiento o razón humana?; que pensamiento (mente) y mundo (naturaleza) puedan tener sus propias leyes diferentes sin llegar a coincidir, y que los fines de la razón entren en conflicto con los fines de la naturaleza que, según el primero, la naturaleza sólo puede alcanzar por el concurso del primero, el entendimiento. ¿Es posible, o real, que la naturaleza posea una determinada finalidad, la inmolación del ser humano, a la que el hombre está abocado necesariamente, tanto como lo está a su pensamiento discursivo de la razón según fines? ¿Puede conocerse ese pensamiento necesario e inmediato, absoluto, que penetre en el secreto último de la naturaleza? He aquí el punto gorgiano de la reflexión: Es posible, pero sería incognoscible y de conocerlo no se podría expresar. Preguntado de otro modo: ¿es posible un conocimiento inmediato del Todo antes que el entendimiento de sus partes, es decir: de sus efectos y causas? Se puede pensar, si es que lo tuviera, que este fin último que persigue la naturaleza es la inmolación del ser humano, simbolizado en el sacrificio humano ofrecido para apaciguar la fuerza ciega y necesaria de la todopoderosa naturaleza de aquellas civilizaciones antiguas, o en su transfiguración simbólica en ritual alegórico de la cristiandad, o en su transformación filosófica en el discurso del método racional de la modernidad… Y si fuera así, por qué: por miedo, culpa, enfermedad, poder... un eterno retorno de lo mismo entonces. ¿No ha existido en la realidad un tal tipo de conocimiento, o más bien de saber, que fue marginado por el surgimiento de la razón ilustrada: la astrología, un pensamiento que acoge ante el Todo, el macrocosmos, y sus partes analógicas, el microcosmos, que fue desplazado por la astronomía racionalista. O, ya mucho antes, el pensamiento mítico, que también unía la poesía y la filosofía en un Todo donde todavía no se habían separado las partes. Leyenda y mito, dioses y hombres, naturaleza y pensamiento. La necesidad o libertad de tener que narrarlo, o que se narra a sí mismo antes de que lo leamos. Pues la única forma de expresar la verdad es a través de la ficción, o la verdad sólo puede tener forma de ficción, paradójicamente. No es esta inversión retórica la base de cualquier antidiscurso que se oponga a una realidad como necesidad ya dada.
O bien, no será este alegórico cine de von Trier, el tributo que hay que pagar hoy por esta lucidez a este hermano mayor de las imágenes como el medio propio de confusión entre la ficción y la realidad, como auténtico signo o ritual moderno del anticristo o antidiscurso capaz de poder expresar la desesperación o el miedo, nuestra propia desesperación de espectadores del mundo y el mismo miedo o terror que nos atrae de forma necesaria, confundido y ocultado en la ilusión de la apariencia diurna o discursiva en la que se intenta hacer desaparecer. No estará proponiendo Lars Von Trier su propio medio de expresión y reflexión como la alegoría de la imposibilidad o irrealidad de hacer desaparecer ese mundo de confusión que parece nos constituye y nos interpela continuamente. La figura retórica de la inversión, a nivel textual, es la constituye el necesario desarrollo de las imágenes en sus dos niveles de antítesis, y donde se halla la alta calidad del lenguaje cinematográfico de esta experiencia estética.
Para terminar, o mejor, interrumpir este discurso de infinitas preguntas sobre el filosófico y provocador cine de Lars von Trier, que como toda filosofía que se aprecie de llevar ese nombre tiene como cometido hacer preguntas… no contestarlas, un dato sobre este texto: para hacer que vaya Kant al cine ha sido absolutamente necesario y totalmente contingente, como el punto final de este escrito, leerle el parágrafo setenta y siete de su Crítica del Juicio; pero no hay de qué preocuparse, sólo ha ido al cine, ese medio alegórico capaz de la confusión de lo real y lo posible, verdadero anticristo y antidiscurso: paraiso(muerte) - pecado(goce) - expulsión(regreso) - muerte(vida) - resurrección/redención.